Salí corriendo de mi casa, atrasado como siempre, rumbo a clases. Llevaba en el bolsillo 700 pesos,la plata justa de mis dos pasajes, y un objeto que al contar las monedas resbaló por mis manos, y calló al pasto por donde acortaba camino. Llovía tanto que ni siquiera mire hacia atrás para ver que fue lo que perdí.
Crucé corriendo una calle hasta el bandejón central, desde donde hice señas a un chofer de locomocón colectiva para que me llevara. Su cara sonriente me miró (sonrisa que después entendí como irónica más que nada), no porque fueran mis ojos su devoción, sino por la conversación que dejo a medias con su copiloto, una mujer de unos 60 años.
"Claaaaaro, es que la cosa está muy maaaaaaala po´señora" decía el chofer." Si pues, cada día que pasan suben más y más los precios. Si ya la plata no me esta alcanzando para llegar a fin de mes" reafirmaba la señora. Si bien no habían muchos tiempos de silencio, la conversación no me pareció del todo comunicativa. Más bien era la instancia donde ambos podían descargar su rabia y resentimiento por lo que les pasaba. Así cuando uno hablaba, el otro parecía pensar en que reprochable aspecto hacer hincapié, más que en escuchar.
Mi viaje se hundió en una monotonía irremediable, Solo rota por un repentino : " En la esquina me deja caballero, por favor", el cual me hizo tomar conciencia de mi espacio, y que de paso interrumpió bruscamente al chofer, quien hace ya bastante rato llevaba el micrófono en la mano, como anticipándose a el abandono de su oyente, y trataba de decirle la mayor cantidad de cosas en el menor tiempo posible, antes que la señora dejara el auto.
El silencio se apoderó del vehículo, y sentí una cierta presión de parte del chofer, sin duda quería senguir despotricando contra el mundo( que por lo demás no tiene nada de malo, pero me daba la impresión que este hombre no hacía otra cosa), y yo era el candidato a oyente con más posibilidades...el único. Así escapando de ello, doble mi cabeza hacia la izquierda, porque no se puede decir que observaba por la ventana, pues la verdad no veía nada por la lluvia y la humedad en los vidrios, nada. Solo escapaba de una repentina mirada por el espejo retrovisor que pudiera darle pie para iniciar una conversación. Cuando sin otro remedio:
-" otra vez!!" exclamó el chofer, mientras me buscaba en el espejo. Yo, literalmente me hice el w..
-"¿Me puede creer joven que ayer, o anteayer, me hizo lo mismo?". Yo sin poder hacerme el desentendido, dije:"¿Como?". " la señora no me pagó pues, y me acuerdo clarito oiga, que no es primera vez". respondió el chofer.
Era un hombre como de 50 años, quien se notaba, llevaba tiempo en el rubro. Lo digo más que nada por la facilidad con que me encaró, pues pienso que la timidez se ira perdiendo con el tiempo.
-"¿en serio?" dije yo. a lo mejor no se escuchó claramente pues lo dije con bastante poca intención, pero al chofer le pareció mucho más que eso. No paró de hablar nunca más.
-"pero si la gente está muy mala pues,¡¡ hay que estar más vivo que nunca!!. Fíjese que hay una señora oiga,que vive por allá por la salida sur, que ¡siempre me hace la misma!, vez que se sube me arma conversa, y al final como uno se va entusiasmando, a uno se le olvida po."
Y no paró mas, y yo "entré a desesperarme", y a ratos lo miraba como para que no se sintiera solo, pero la solidaridad se fue apagando por cada palabra que decía. Inclusive le respondía para mi: Por w..te pasa, si no te callay nunca po w.., ¿quien te va a querer pagar así? esto no es servivio,¡es sacrificio!". Hasta que por fin llegué a mi destino, y me dí el gusto de interrumpirle haciendo notar que no me importaba nada lo que me hablaba, y le dije: " En la esquina por favor". Me sentí tan atrapado dentro de ese auto, que la lluvia me pareció un alivio, y tomando aire procuré ajustar mi parka y meter mis manos al bolsillo.
Y me largué a reir...era su destino, no es que uno no quisiera pagarle, es que no era lo más importante en ese momento,el instinto actúa anteponiéndose a los deberes inclusive tan pequeños como pagar un pasaje. No iba a cambiar su suerte, eso lo supe cuando sentí los 700 pesos en mi bolsillo derecho, y no dejé de sentir pena por quien se subiría después de mí ( a ese si que le tocó ), pero en fin, creo en la inocencia de la señora y sobre todo creo que la plata me la había ganado yo, no él.
hola!
muy lindo el blog!
bueno pasas por el mio..
besos!
saludos!
se lo quiere!